lunes, 12 de diciembre de 2016

José Benigno Zilli Manica, 1934-2016, veracruzano universal



Ángel Rafael Martínez Alarcón

El padre Zilli, como cariñosamente se le conoce por su feligresía ha muerto
el pasado 24 de noviembre, en una fecha simbólica en la historiografía veracruzana,
en el 2016, se conmemoraban los 200 años de la caída del puerto
insurgente de Boquilla de piedras, acontecida en 1816, así como el 169 aniversario
del fusilamiento de los tenientes del ejército Alcalde y García en el marco de la
intervención norteamericana a nuestro país. En esta fecha retorna la vida eterna.
Mi niñez está muy estrechamente relacionada con el Padre Zilli; quien a principios
de los años 70 del siglo XX, fue designado como primer párroco de la parroquia de
Nuestro Señor del Calvario, uno de los primeros templos construidos en el colonial
pueblo de Xalapa. También fue al primer sacerdote que conocí. Era un joven
sacerdote que regresaba de breve estancia en el Colegio Pío Latino Mexicano
en Roma. Don Emilio Abascal y Salmerón, segundo. Arzobispo lo designó como
párroco en el Calvario. Eran los primeros años en que se ponía en funcionamientos
los acuerdos y decretos del Concilio Vaticano II.
Con su fallecimiento el jueves 24 de noviembre del 2016; al recibir la noticia por
parte de Celeste del Ángel Martinez, miles de recuerdos se vinieron a mi mente,
así como el dolor en mi corazón, pues el Padre Zilli, fue mi primer
catequista que me llevó a conocer a Dios, pues para un pequeño
niño ver al sacerdote delgado alto, de brillantes ojos azules, y
siempre muy amable sin importar la edad. En esos años también
el colegio Teresita, a unas cuantos metros de la parroquia del
Calvario, trabajaba la madre Angélica, delgada y también de
ojos de color, así la religiosa y el sacerdote le dieron mucha vida
a la parroquia del Calvario. Hoy recuerdo las conversaciones
de mis mayores, sobre él joven sacerdote quien trabajaba en
la parroquia y al mismo tiempo en la Universidad Veracruzana,
siempre teniendo tiempo para todos, con una sonrisa
a piel de labios.
La parte más emocionante fue sin duda alguna el 15 de
agosto de 1974; cuando por vez primera recibí junto con
mi hermana gemela Rosario, La primera comunión: el
cuerpo y sangre de Cristo me fue dado por el Padre Zilli,
previa confesión de mis pocos pecados de mi niñez.
También recuerdo con mucho cariño, las posadas organizadas
en la Parroquia, y don José B. Zilli siempre supo reconocer a sus ovejas
así hubieran pasado las décadas. En el año jubilar de 1975; nos conversaba sobre la
apertura de la Puerta Santa en la ciudad de Roma, y nos describe Roma con una
pasión que los niños nos despertaba el sueño de ir a conocerla.
Durante su paso por la Parroquia del Calvario, fundó el coro juvenil de misa de
doce, las primeras comunidades de la renovación carismática del Espíritu Santo,
siendo el promotor de la introducción de las primeras comunidades del Camino
Neocatecunal, en 1974, por la amistad con el Pbro. Alberto Zamora Salicrup (+) ;
experiencia extendida por el país, gracias al apoyo del P. Zilli y del arzobispo Emilio
Abascal y Salmerón y el obispo Sergio Obeso Rivera.
Don José B.Zilli, es sin duda fue pionero en la presencia del clero en los medios de
comunicación en Veracruz, sus colaboraciones semanales en las páginas de Diario
de Xalapa y más tarde en el semanario Punto y Aparte. Sin olvidar sus cápsulas en
radio local de la ciudad. Vocación que ejerció hasta el último día de vida, colaborando
para las páginas del semanario Alégrate, desde su fundación en 2004, escribió la
página editorial y su columna.
Su partida del Calvario, significó un gran dolor para comunidad parroquial, las ancianas
fueron las primeras en poner el grito en cielo, para mi sentía que perdía a un
amigo querido, que había sido muy generoso en los ensayo del acolitado. Amistad
que se mantuvo al paso de los años, siempre con el cariño de mi pastor.
Con el pasar de los años, coincidí en muchas trincheras de la actividad cultural
en la ciudad como en Universidad Veracruzana, en 1986, con la publicación de
Braceros italianos para México (La historia olvidada de la huelga de 1900), tuve
la oportunidad en décadas atrás escuchar los problemas de la investigación; en la
presentación del libro me tocó servir el vino tinto de honor.
Mis primeros días como universitario en la antigua unidad de humanidades de la
UV, en sus pasillos, fui recibido con el cariño de siempre, él fungía como director
de la facultad de filosofía y yo estudiante de la carrera de historia, así siempre pendiente
de mis avances académicos y las novedades bibliográficos.
Con la revolución tecnológica del internet y de las redes sociales, don José B Zilli,
supo utilizarla para difundir su pensamiento, filosófico como religioso e histórico.
Así se mantenía interactuando con el mundo por medio de las redes sociales.
En los últimos años nos frecuentamos poco, pero gracias a los buenos oficios de
Fernando Rueda, nos intercambiamos saludos. Hoy su regreso a la casa del Padre,
nos dejó un gran hueco en la iglesia particular de Veracruz,
al mundo universitario, y sobre todos aquellos que
gozamos de su amistad.
En el año del 2002, el escritor Segio Pitol, escribió:
Fue hace cuarenta y cinco o cuarenta y seis años cuando
tuve la suerte de conocer al padre Benigno Zilli Manica,
en la ciudad de Xalapa. Éramos jóvenes entonces
y casi de la misma edad. Le llevo un año de más. Pero
él me llevaba por delante muchos estudios, muchos conocimientos
y más amplios que los míos, y había logrado
hacerse de una envidiable disciplina académica, que a mí
me faltaba por entero. Me había yo instalado en Xalapa con
el objeto de escribir mi tesis que había debido presentar diez
años atrás, y cuyo título profesional requería obligatoriamente
para incorporarme a la carrera diplomática. En cambio él,
más joven, había obtenido ya desde hacía diez años una licenciatura
en filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma, y
un doctorado, también en filosofía, en una universidad alemana,
en Bonn. En una ocasión el padre Zilli pasó por la editorial universitaria
donde yo trabajaba. Allí nos presentamos. Como todos ustedes deben saber, el
padre Zilli tiene una capacidad de comunicación humana excepcional. Los doctores
surgidos de una universidad alemana, asumen por lo general una actitud hacia
los demás como si fueran un monumento de sí mismos. Parecería que su primer
movimiento después de lograr el doctorado fuera abolir el humor, la cordialidad,
y a veces, hasta las buenas maneras. Nada de eso ostentaba el Dr. Zilli Manica.
Era todo lo contrario. A los cinco minutos de conocernos conversábamos como si
fuésemos amigos de mucho tiempo. Claro, coincidíamos en varias circunstancias.
Nuestros antepasados eran nativos de la misma región de Italia, Belluno, en la Venecia
alpina, seguramente viajaron en el mismo barco, y en México se instalaron
en el mismo lugar, la colonia Manuel González, a quince kilómetros de Huatusco.
No tenemos lazos de familia directos, pero nuestros apellidos están entreverados
por los enlaces nupciales de algunos familiares. Su segundo apellido es Manica y
una hermana de mi abuelo paterno se casó con una Manica; él tiene un tío político
Zucolotto y yo tengo otro por haberse casado con la hermana mayor de mi padre.
Ahora, me imagino, esa red de apellidos debe ser inmensa, tejida por los matrimonios
de centenares de primos, sobrinos y hasta aún sobrinos nietos…

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