martes, 11 de octubre de 2016

Idilio pasional



Angélica López Trujillo

La mañana desliza su cauda fresca
ciñéndose corona de frágil cristal,
desposándose con el viento… ¡divina locura!
La ráfaga del trueno precede la marcha nupcial.

Asomo a la ventana el rostro feliz,
extasiada, cual chicuela atolondrada,
atisbando lo prohibido de un desliz:
El viento apasionado con la lluvia desbordada.

El idilio se estampa en mi rostro asombrado
como beso prófugo que me estremece,
mi espíritu en dicha anonadado
oscila entre la lluvia que mece…

Su pasión fogosa en los ramajes
y el viento huracanado
que en los charcos forma oleajes
pregonando su amor apasionado.

Cuando al fin ha saciado su pasión
entre centellas y ecos de bravura
mi espíritu recobra la cordura
robándole a la lluvia la voz del corazón.

Serenamente le contemplo, como ayer:
Fresca, juguetona, musical y cantarina,
inquieta entre los árboles, queriendo extender
su cauda fascinante y diamantina;

Deslizando mágicamente gotas maravillosas
en el pavimento sediento y empolvado
formando un lagrimón achocolatado
que huye veloz por las baldosas.

Del cielo a la tierra tejió una cortina,
la lluvia cantarina
con hilos de luz y plata
que nadie, nadie, maltrata.

Su murmullo es lenguaje de amor.
Es vida, sueños y sonatina,
es el alma de Dios con todo su fulgor
es lazo anacarado… ¡Oh promesa divina!

Es prodigio y es luz
entre el burbujear fascinante
y los misterios de la cruz
que todo ilumina en un instante.

Es la misma lluvia de ayer
que me invitó a viajar
en colosales buques de papel
que prometieron baúles de tesoros…
¡Y castillos encantados a granel!

Es la lluvia que dejó conquistar
selvas remotas rebosantes de aves canoras,
mundos ideales para amar
donde el tiempo no se mide por horas.

Es la lluvia que acuné en mis manos,
y como niña veloz corrí con ella,
la que me acompañó en la adolescencia
y me enseñó la oración más bella.

Es la lluvia que me dio un pedazo de mar
y el murmullo de su plegaria ferviente
que a los sentimientos místicos logró despertar
dándome la capacidad de vivir plenamente
mi realidad y mi presente.

¡Como deseo ser savia de los ramajes,
de las madreselvas y acacias en flor,
circulando entre las nervaduras de sus ropajes
para impregnarme sin ningún temor

de su clorofila y perfumes!
Ahí, diluirme en santo amor
vibrando siempre, siempre
Entre
¡Lluvia, viento y amor!
 

Jamás

Angélica López Trujillo

Tú y yo nos encontramos;
nuestros pasos se reunieron.
En el azul del cuelo
se enlazaron los ideales;

nuestras manos vibraron
acariciando la piel:
en un instante comulgaron
presente, futuro y ayer.

En el mismo punto convergieron
la luz de nuestras miradas…
los ideales entretejieron
esperanzas anheladas.

Volvamos por esos caminos
al encuentro de nuestros pasos…
tal vez distantes…
tal vez divinos…
pero con los fulgores… ¡En nuestros ocasos!

En nuestros labios mudos,
morirán nuestras promesas,
dulcemente, sin resabios
por lo que no fue posible,
¡En nuestras vidas!




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