jueves, 10 de julio de 2014

Propuesta pedagógica de un maestro veracruzano: innovar la práctica docente y estudiantil



Marcelo Ramírez Ramírez

Dos razones, poderosas ambas, coinciden para darle un significado muy especial a la aparición del libro: “La educación, la práctica docente y la práctica estudiantil en el tránsito a la posmodernidad”.  La primera es mi amistad con el autor; la segunda, que la obra se da en parte como fruto de la actividad del Centro Regional de Educación Superior “Paulo Freire”, donde Reynaldo Ceballos se desempeña como secretario académico. El autor es oriundo de las Vigas de Rafael Ramírez. Como el ilustre maestro Rafael Ramírez, Reynaldo Ceballos, formado en la Escuela Normal Rural de Perote, sostiene que la educación es –debe ser-, promotora de movilidad social. La escuela forja la ciudadanía para la república en la que el valor de los individuos descansa en el mérito. Ese es el ideal opuesto a una realidad que lo desmiente, haciendo indispensable la reforma del sistema educativo nacional. El propósito del libro consiste en estar presentes en la discusión de la temática pedagógica actual, con ideas y propuestas encaminadas a la configuración de un modelo pedagógico capaz de superar las contradicciones en que se debate la educación. El objetivo perseguido por el autor es el de conceptualizar, con rigor y claridad, la práctica docente y la práctica estudiantil, que reclama una educación integral y al mismo tiempo eficaz por su congruencia con los reclamos de nuestro tiempo.

La tarea que se acomete no es nada fácil y, si se cumple con éxito, se debe, sin duda, a la feliz coincidencia de madurez intelectual y vocación para el magisterio que permiten al autor elaborar un discurso  que asume la complejidad de su objeto con indudable acierto. El punto de partida y a la vez el marco de los amplios análisis y propuestas de RCH, es la crisis en que ha desembocado la modernidad desde mediados del pasado siglo. Crisis general y radical, porque abarca la totalidad de la existencia humana y porque entraña la pérdida del fundamento último que, en el pasado, dio sentido a la vida de los seres humanos en lo individual y colectivamente. ¿Hay alguna salida a la crisis?  La respuesta del autor se inscribe en el bando de quienes  consideran que la crisis actual, como otras en el pasado, encierra la oportunidad de un replanteamiento del sentido de la existencia que alimente nuevas esperanzas y proyectos. El hombre se realiza indefectiblemente en el molde de cada época, de cada pueblo, de cada cultura. Tal es, si la he entendido correctamente, la idea sostenida por el autor. Por tanto, el hombre, hijo de su tiempo y la cultura en que nace, es también un agente libre en el cual la herencia se renueva gracias a la educación. Este rasgo apenas era visible en el pasado, siendo predominante en las sociedades modernas. La educación tradicional es conservadora, mientras la educación moderna se orienta a la innovación y el cambio;  busca fomentar la creatividad y, en sus expresiones de avanzada,  aspira a desarrollar actitudes críticas y reflexivas. Esta noción propia de la llamada pedagogía crítica, de la cual es un ejemplo la obra de Paulo Freire, permea el discurso de nuestro autor y explica su enfoque de la practica docente y la practica estudiantil, como fenómenos correlativos, en cuya virtud la cultura se trasmite a las nuevas generaciones y es recibida por éstas en libertad creadora. En el credo pedagógico de RHC, podemos advertir principios, tesis y convicciones que, sin presentarse como dogmas, dan consistencia al texto de principio a fin. Por ejemplo, el autor cree que “la educación es un factor del desarrollo y no el único factor del desarrollo”, evadiendo de este modo el enfoque simplista de quienes apuestan todo al cambio de conciencia y ponen de lado la necesidad política de transformar  estructuras de injusticia que tienden a perpetuarse contando con el auxilio de ideologías alienantes. En esto se advierte la influencia de pensadores de la pedagogía crítica ya señalada, sin atribuir el monopolio de la verdad a ninguna ortodoxia excluyente. Por el contrario, de manera original, adaptándolos  a su objetivo, el autor utiliza principios, conceptos y categorías de diversos pensadores, antiguos y modernos, para sustentar su propuesta. Si al hacerlo soslaya posibles puntos de contradicción en los materiales utilizados, ello se debe a su interés de buscar más la coincidencia que permita la comprensión del fenómeno humano y no el conflicto de las doctrinas, en la medida en que cada una reclama para sí la  explicación total de la realidad.  

En su análisis de los retos que afronta México en este ocaso de la modernidad e incierto tránsito a la posmodernidad,  RCH nos dice que su reflexión y propuestas son las de un latinoamericano abierto a las exigencias de un mundo sin fronteras. Y, en efecto, sus planteamientos están conceptualizados en el marco histórico y cultural de la América surgida de la colonización española. Para él, las consecuencias lamentables del pathos prometeico de la modernidad deben afrontarse, no con la voluntad que se afirma a sí misma, sin propósito definido, como mera voluntad de poder ciego, ni refugiarse en símbolos carentes de contenido vital, sino con la confianza depositada en el poder liberador del espíritu.

En cuanto al aspecto estrictamente práctico, la obra de RCH fue diseñada como una herramienta para el aula y, asimismo, para los procesos educativos que, gracias a las tecnologías de la comunicación, amplían, potenciándolas, las posibilidades del proceso enseñanza-aprendizaje. La eficacia genuinamente pedagógica, descansa, en última instancia, nos explica, en el empleo creativo de las tic, empleo que pasa por la crítica de las mismas, a efecto de purificarlas de la contaminación ideológica. El tratamiento de los temas va acompañado de útiles orientaciones bibliográficas. Para destacar las tesis sostenidas, éstas se enmarcan en recuadros, invitando a la toma de posición y al diálogo horizontal, cuyo fin es dejar atrás el autoritarismo, para construir una cultura de tolerancia y respeto a la verdad que brota, como en los diálogos socráticos, de la búsqueda común. En suma “La educación, la práctica docente y la práctica estudiantil en el tránsito a la posmodernidad”, es una obra que enseña, orienta e invita, a veces en tono provocativo, pero siempre estimulante, a la toma de posición. El fin de la obra es  convertir el aula en taller, donde el maestro sea un coordinador avalado por su madurez y experiencia y los alumnos, sean partícipes entusiastas en la recreación de la cultura; ambos, maestro y alumno, estarán motivados por el mismo empeño de conocimiento y de justicia, porque la verdad de la ciencia y de la política son igualmente necesarias. Tal es el sueño de nuestro autor que, en lo personal comparto, a contra corriente de la moda que declara muerta la utopía.




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