miércoles, 6 de junio de 2012

La inteligencia humana

Por: Gilberto Nieto Aguilar
Imaginar, interiorizar, simbolizar, analizar, reflexionar, comparar, crear, proyectar, resolver problemas, recordar situaciones, son sólo algunas de las expresiones de la inteligencia, que los especialistas de varias disciplinas aseguran que no ejercemos en todas las posibilidades ni como individuos ni como grupo social. En nuestro ambiente cotidiano y en la civilización tecno-científica actual, la inteligencia suele ser incómoda, provocativa, fuera de lugar.   

José Antonio Marina, «quien ha dedicado su vida a comprender la inteligencia entendida como mezcla de sentimientos, razón, habilidades, imaginación, memoria y otros misterios», dice que se refleja también en la capacidad de «aprender a aprender en todo momento, no sólo de libros, sino de la vida misma, de los sentimientos y de las emociones, de las experiencias, de las relaciones con la realidad.» (El vuelo de la inteligencia).

Howard Gardner, en “Estructuras de la mente”, dice que la prueba de inteligencia que mide el Coeficiente Intelectual podría predecir la capacidad personal para manejar las cuestiones escolares, pero no podría predecir el éxito en la vida futura. Afirma que hay «evidencias persuasivas sobre la existencia de varias competencias intelectuales humanas relativamente autónomas» a las cuales llama “inteligencias”, con la convicción de que existen varias de ellas.

Para Piaget, el adolescente es capaz de realizar operaciones formales, razonar acerca del mundo no sólo a través de acciones o símbolos aislados, sino calculando las implicaciones consecuentes de un conjunto de proposiciones relacionadas. El joven se vuelve capaz de pensar en forma completamente lógica y ordena su pensamiento. Mas Piaget ignoró «los pasos emprendidos para lograr otras competencias: la de un artista, abogado, atleta o dirigente político» (Howard Gardner). 

José Bargas Díaz, Doctor en Ciencias, investigador del CINVESTAV y de la UNAM, en un artículo comenta las conversaciones sostenidas con el doctor J. M. Bower, quien alcanzó prestigio académico por sus estudios en neurocomputación y modelos matemáticos programados en un ambiente de simulación. En cierta ocasión, hace algunos años, comenzó una charla con la pregunta de Bower sobre cuál era el recurso natural más importante de un país. Bargas mencionó varios sin acertar la respuesta correcta, y Bower contestó: «la inteligencia humana … que para nosotros es una política de Estado». (http://ciencias.jornada.com.mx/
investigacion/ciencias-sociales-y-humanas/). 
La inteligencia no respeta clases sociales, ni niveles de ingresos, razas o credos. En cualquier familia y donde menos se le espera, surge una muchacha o un muchacho sobresaliente. El papel de la Secretaría de Educación debería ser que no se desaproveche ese talento, que no se malogre, que sus vidas no sigan la ruta de la gente común, que se conviertan en personas útiles para la comunidad y el país.
Como todo recurso natural, la inteligencia humana tiene que encontrarse y cultivarse. Bower reveló a Bargas que él era uno de los encargados de efectuar un programa llamado “la minería de la inteligencia”, Caltech Precollege Science Initiative (CAPSI), para descubrir jóvenes inteligentes y literalmente “extraerlos” de su  lugar de origen. ¿De dónde van a salir los futuros científicos, tecnólogos, ingenieros innovadores, líderes políticos y emprendedores? ¿Por generación espontánea? ¿Al azar? Son cuestiones muy importantes para dejarlas al azar.
Muchos países requieren gente preparada y capacitada para resolver su progreso, e importan inteligencia, siempre creativa e innovadora, de cualquier parte del mundo. Es la “fuga de cerebros” que se concentra en las grandes empresas, laboratorios de prestigio y centros de investigación, especialmente cuando en sus países de origen no tienen estímulos ni reconocen sus capacidades. Es “el recurso natural más importante”; no el petróleo, el capital, las inversiones, el litio y otras cosas hoy en boga.
gilnieto2011@hotmail.com

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